Qué es el biogás: cómo se produce y ventajas ambientales
02 de octubre, 2026
La búsqueda de alternativas energéticas más limpias y estables ha puesto el foco en fuentes que hasta hace poco pasaban desapercibidas. El biogás es una de ellas: un recurso que convierte residuos orgánicos en energía aprovechable y que cada vez gana más peso en las estrategias de descarbonización empresarial.

Qué es el biogás
El biogás es un gas combustible renovable que se genera de forma natural a partir de la descomposición de materia orgánica en ausencia de oxígeno. Está compuesto principalmente por metano (CH₄) y dióxido de carbono (CO₂), junto con pequeñas proporciones de otros gases como el ácido sulfhídrico o el vapor de agua. Su capacidad energética proviene precisamente de ese contenido en metano, que permite aprovecharlo para generar electricidad, calor o incluso combustible para transporte, una vez sometido a los procesos de purificación adecuados.
Cómo se produce el biogás
El proceso detrás de la producción de biogás se llama digestión anaerobia: un conjunto de microorganismos (bacterias y arqueas) degrada la materia orgánica en un entorno sin oxígeno, liberando gas en el proceso. Este fenómeno ocurre de forma espontánea en vertederos y zonas pantanosas, pero también puede reproducirse de manera controlada en digestores a partir de materias primas como purines y deyecciones ganaderas, lodos de depuradora, restos de alimentos o subproductos de la industria agroalimentaria.
Este es el fundamento de la biometanización, que convierte esos residuos en biogás y digestato, y que explicamos en detalle en nuestro artículo sobre biometanización y transición energética. Es una solución especialmente interesante para empresas que ya generan residuos orgánicos como parte de su actividad, ya que les permite cerrar el ciclo productivo. Si quieres conocer más sobre qué tipos de desechos se pueden aprovechar, te recomendamos nuestro artículo sobre energía a partir de residuos.
Biogás y biometano: no son lo mismo
Es habitual confundir ambos términos, pero conviene distinguirlos. El biogás es el gas «en bruto» que sale del digestor, sin refinar. Cuando ese biogás se somete a un proceso de upgrading (una limpieza que elimina el CO₂ y otras impurezas), se obtiene biometano: un gas con una concentración de metano superior al 90%, prácticamente idéntico en composición y poder energético al gas natural. Esto le permite inyectarse directamente en la red gasista convencional.
En otras palabras, todo biometano procede del biogás, pero no todo biogás se convierte en biometano; buena parte se aprovecha directamente in situ para generar calor o electricidad. Si te interesa el panorama completo de combustibles derivados de la biomasa, en nuestro artículo sobre biocombustibles y sus tipos explicamos cómo encajan el biogás, el biometano y otras alternativas como el bioetanol o el biodiésel dentro del mix energético renovable.
Ventajas ambientales del biogás
El biogás contribuye a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero: el carbono liberado al quemarlo procede de materia orgánica que ya absorbió ese CO₂ durante su ciclo de vida, por lo que su balance neto es mucho más favorable que el de los combustibles fósiles. Además, capturar el metano de los residuos, en lugar de dejar que se libere a la atmósfer, evita la emisión de un gas con un potencial de calentamiento muy superior al del CO₂.
También encaja de lleno en el modelo de economía circular: convierte residuos que habría que gestionar en un recurso energético, y genera como subproducto un digestato que puede emplearse como fertilizante orgánico.
Por último, favorece la autonomía energética, al generarse de forma local. Para empresas del sector agroganadero, alimentario o de depuración de aguas, esto supone una oportunidad de reducir costes energéticos aprovechando un subproducto de su propia actividad.
Aplicaciones del biogás en el entorno empresarial
El uso más habitual del biogás sigue siendo el aprovechamiento directo en la propia instalación donde se produce, generando electricidad y calor sin necesidad de transformarlo. Esto lo convierte en una herramienta especialmente valiosa para sectores donde la electrificación directa resulta más compleja, como la industria que requiere procesos térmicos a alta temperatura.
Sectores como la industria agroalimentaria, las explotaciones ganaderas o las estaciones depuradoras de aguas residuales son los que más terreno han ganado en este ámbito, ya que combinan una generación constante de materia orgánica con un consumo energético elevado. Para estas empresas, producir su propio biogás significa reducir la dependencia de proveedores externos y ganar previsibilidad en sus costes energéticos, dos factores cada vez más determinantes a la hora de planificar inversiones a medio plazo.
Conclusión
El biogás demuestra que gran parte de la transición energética empresarial no pasa por tecnologías futuristas, sino por aprovechar mejor los recursos que ya generamos. Comprender su origen, su proceso de producción y sus ventajas ambientales es el primer paso para valorar si tiene sentido incorporarlo dentro de la estrategia energética de tu negocio, y una oportunidad real de convertir un residuo en una fuente de valor.
Si tienes dudas sobre cómo optimizar la energía en tu empresa o quieres conocer otras alternativas energéticas, contacta con nosotros y te ayudamos a dar los primeros pasos.






