Instalar puntos de recarga en tu empresa: costes, ventajas y ayudas disponibles
22 de septiembre, 2026
¿Está tu empresa preparada para la llegada de la movilidad eléctrica, tanto de tu flota como de tus empleados y clientes? Cada vez más pymes se plantean instalar puntos de recarga en sus instalaciones, pero antes de dar el paso conviene tener claros los costes reales, los beneficios a medio plazo y qué ayudas siguen vigentes en 2026.

¿Qué es una MAE?
Una MAE (Medida de Ahorro Energético) es cualquier actuación técnica, verificable y cuantificable, que consigue reducir el consumo de energía de una instalación, proceso o edificio. No se trata de un concepto abstracto: hablamos de acciones concretas como sustituir la iluminación convencional por LED, mejorar el aislamiento térmico de una nave industrial, instalar variadores de frecuencia en motores, optimizar sistemas de climatización o incorporar equipos más eficientes en procesos productivos.
Lo que diferencia a una MAE de una simple mejora técnica es que su ahorro energético se puede medir y verificar siguiendo metodologías reconocidas, lo que permite traducir ese ahorro en un valor económico tangible para la empresa que la ejecuta.
¿Por qué instalar puntos de recarga en tu empresa?
La electrificación del parque automovilístico español avanza con fuerza, y disponer de infraestructura de recarga propia se ha convertido en un factor competitivo. No se trata únicamente de electrificar la flota corporativa: contar con puntos de recarga también permite atraer clientes, ofrecer un beneficio adicional a los empleados que ya conducen vehículos eléctricos y reforzar la imagen de sostenibilidad de la compañía.
Además, para empresas con vehículos comerciales o de reparto, disponer de recarga propia elimina la dependencia de la red pública, reduce tiempos muertos y permite planificar la carga en las horas de menor coste energético.
Tipos de puntos de recarga y sus costes
No todos los puntos de recarga son iguales, y el coste de instalación varía notablemente según la tecnología elegida:
- Recarga lenta o semirrápida (hasta 7,4 kW o 22 kW): son los llamados wallbox, ideales para aparcamientos de empleados o flotas que pasan la noche en las instalaciones. Su coste de adquisición e instalación suele ser el más asequible, aunque varía según la complejidad de la obra eléctrica.
- Recarga rápida (entre 50 kW y 150 kW): pensada para rotación alta de vehículos, como zonas de reparto o clientes que solo van a estar un rato. Requiere una potencia contratada considerablemente mayor y una inversión más elevada.
- Recarga ultrarrápida (superior a 150 kW): reservada normalmente a operadores de estaciones de servicio o grandes flotas, con un coste de instalación muy superior.
Más allá del propio cargador, hay que sumar el coste de la obra civil y eléctrica: canalizaciones, cuadro eléctrico específico, sistema de gestión de carga (especialmente importante cuando se instalan varios puntos simultáneamente) y, en muchos casos, un aumento de la potencia contratada en el suministro de la empresa. Por eso, antes de instalar los puntos de recarga es fundamental revisar si la instalación actual del negocio soporta la nueva demanda o si es necesario recalcular la potencia eléctrica contratada.
Ventajas de contar con infraestructura de recarga propia
Instalar puntos de recarga en la empresa aporta beneficios que van más allá de la sostenibilidad:
- Reducción de costes operativos en flotas propias, al evitar la recarga en puntos públicos, normalmente más caros.
- Optimización del gasto energético, cargando en horas valle o combinando la recarga con autoconsumo industrial mediante placas solares.
- Beneficio para empleados, como parte de políticas de retribución flexible.
- Ventaja competitiva frente a otros negocios en sectores como hostelería, retail o servicios, donde ofrecer recarga puede influir en la decisión de compra del cliente.
- Anticipación regulatoria, ya que cada vez más normativas urbanísticas y de construcción exigen preinstalación o instalación de infraestructura de recarga en aparcamientos de uso no residencial.
Este tipo de infraestructura encaja además dentro de una estrategia más amplia de integración de la movilidad eléctrica en flotas de empresas, donde la disponibilidad de carga es precisamente uno de los principales retos a resolver.
Ayudas disponibles en 2026: la situación actual
El panorama de ayudas ha cambiado respecto a años anteriores. El Plan MOVES III, principal vía de subvención hasta ahora (con porcentajes de hasta el 70% para empresas), finalizó el 31 de diciembre de 2025 y ya no admite solicitudes. Su sucesor, el Plan Auto+, se centra en la compra de vehículos y no incluye una línea específica para infraestructura de recarga.
Para empresas sigue vigente la deducción fiscal en el Impuesto de Sociedades por las cantidades destinadas a instalar infraestructura de recarga. Además, algunas comunidades autónomas y ayuntamientos mantienen convocatorias propias, con requisitos y plazos que cambian con frecuencia, por lo que conviene consultar con la administración local antes de planificar la inversión.
Dado que este marco está en transición, lo más prudente es diseñar el proyecto asumiendo la inversión sin subvención directa, y valorar después las deducciones fiscales o convocatorias regionales aplicables.
Cómo planificar la instalación paso a paso
Antes de contratar la instalación, conviene:
- Estimar la demanda real: número de vehículos, frecuencia de uso y potencia necesaria por punto de recarga.
- Revisar la potencia contratada actual y si es necesario ampliarla.
- Valorar la combinación con energía solar, especialmente si la empresa ya cuenta o está estudiando una instalación de autoconsumio.
- Comparar tecnologías de recarga según el uso previsto (flota propia, empleados o clientes).
- Contratar una instalación certificada, que cumpla con el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión y la normativa aplicable.
Esta planificación es especialmente relevante si la empresa está evaluando su transición hacia la movilidad sostenible de forma integral, ya que los puntos de recarga suelen ser solo una pieza dentro de una estrategia más amplia que incluye la renovación de flota y la digitalización de la gestión energética.
Conclusión
Instalar puntos de recarga ya no depende de una subvención automática como con el desaparecido MOVES III, pero sigue siendo una inversión con sentido estratégico: reduce costes, mejora la imagen corporativa y prepara al negocio para una demanda que no dejará de crecer.
Si necesitas ayuda para valorar qué infraestructura de recarga se ajusta mejor a tu empresa, contacta con nosotros y te asesoramos sin compromiso.






